MiVolcán Villarrica
Historia eruptiva · 1948 — 2015

La memoria del volcán

Cinco ciclos eruptivos mayores que moldearon el territorio.

Resumen del estilo eruptivo, principales eventos y peligros asociados

El volcán Villarrica es uno de los más activos de Sudamérica y el de mayor riesgo específico en Chile, dada la alta exposición de población y la cercanía de centros poblados como Pucón, Villarrica y Coñaripe. Su estilo eruptivo combina actividad efusiva y explosiva moderada (índice de explosividad volcánica entre 0 y 3), caracterizada por lago de lava permanente, fuentes de lava estrombolianas, emisión de tefra y, particularmente, la generación de lahares de gran alcance al fundirse el glaciar que cubre su cono. Entre 1948 y 2015, el volcán registró cinco ciclos eruptivos mayores.

AñoCaracterísticasPeligro principalFallecidos¹
1948–49Mayor erupción del siglo XX. Explosión mayor el 18 de octubre de 1948; columnas de gases de hasta 8 km y lahares en múltiples valles.Lahares~50
1963–64Ciclo eruptivo culminado el 2 de marzo de 1964; destruyó cerca del 50% del poblado de Coñaripe.Lahares22
1971Erupción del 29 de diciembre de 1971; flujo de lava y lahar de gran espesor hacia el lago Calafquén.Lahares / lava30
1984–85Erupción estromboliana de cuatro meses, con dos ríos de lava.Lava0
2015Erupción del 3 de marzo; fase paroxismal de ~55 min, columna de 6–8 km y fuente de lava >1 km.Tefra / lava0

Principales peligros asociados

  • Lahares: el peligro más recurrente y destructivo; se originan por la fusión rápida del glaciar y la nieve del cono, generando flujos de barro y escombros que descienden por los valles a gran velocidad. Han sido responsables de la gran mayoría de las víctimas fatales del siglo XX.
  • Flujos de lava: encauzados por quebradas, pueden alcanzar hasta 16 km de distancia desde el cráter (caso Chaillupén, 1971).
  • Caída de tefra y proyectiles balísticos: ceniza y fragmentos incandescentes expulsados desde el cráter, con dispersión dependiente de la dirección del viento.
  • Flujos piroclásticos: de menor frecuencia histórica, pero de alto potencial destructivo en el entorno inmediato del cráter.

La erupción de 2015, pese a su intensidad visual, no produjo víctimas fatales gracias al monitoreo instrumental y a los protocolos de evacuación desarrollados por Sernageomin y Onemi, en contraste con los eventos de mediados del siglo XX, anteriores a la red moderna de vigilancia volcánica.